Hameed. Vivir en guerra.

A la hora de contemplar a las personas refugiadas que vienen a Europa desde países en guerra, solemos ver actitudes de todo tipo, desde quienes están por los derechos humanos, y por tanto totalmente abiertas a recibirlas, hasta quienes quieren cerrar fronteras a cal y canto.

Muchas de estas visiones (hay más entre las dos descritas) comparten en ocasiones el tener una posición política determinada sobre las guerras en cuestión y es esa posición la que define sus sentimientos al respecto.

En un caso como el que traemos aquí, Iraq, un país en el que la guerra parece no cesar, hay quien se muestra a favor de unos u otros, participando de un juego de intereses geoestratégicos que nada bueno trae a Pueblo alguno, pues siempre los Pueblos son los perdedores, frente a los intereses económicos que promueven esos conflictos.

No es nuestra intención posicionarnos al lado de ninguno de los muchos actores en conflicto en esa zona, sino intentar dibujar el cuadro de la vida de una persona que nació en ese país; un cohetaneo nuestro cuya vida pudo ser la nuestra, y que vive en estos momentos una situación que poco o nada tiene que ver con sus elecciones personales, y sí mucho con los intereses anteriormente referidos.

Hameed, iraquí de clase media, miembro de una familia normal, nos habla de una vida que no es diferente a la de de Jaime, hijo de un funcionario español cualquiera, que nace en una famillia estructurada, estudia, aprende idiomas, viaja a seguir estudiando en el extranjero…

O tal vez sí que sea diferente, pues Jaime vive en paz en un país del sur de Europa mientras Hameed nace en un país inmerso en sucesivos conflictos; un país de Oriente Medio con una trayectoria ascendente en cuanto al nivel de vida general de sus ciudadanos, un país rico cuya riqueza es ansiada por otros países convirtiéndole así en objetivo de quienes siempre quieren tenerlo todo, y que cercenan de raíz esa trayectoria.

Cuarenta años de conflictos, paralelos a los cuarenta años de vida de una persona y cómo ésta se ve afectada por ellos; cómo de estudiante puede pasar a ser refugiado sin refugio, cómo buscar ese refugio le lleva a ser considerado posible peón en el tablero mundial en que éste se da, y cómo negarse a ello le lleva a la situación desesperada de cientos de miles de personas.

Pensamos en los refugiados y, mantengamos una u otra posición, los vemos como algo ajeno sin considerar que son los intereses geopolíticos del momento los que, de la noche a la mañana, pueden colocarnos a nosotras o a nuestros hijos en esa misma situación. Hoy viajamos, estudiamos, visitamos a nuestra familia, y mañana sólo podemos intentar sobrevivir.

¿Hay realmente alguna diferencia entre las personas refugiadas y las que no lo estamos? ¿somos unas u otras más o menos responsables de nuestra vida, de lo que nos ocurre? ¿o más bien somos unas y otras meros actores secundarios en el gran juego, meras piezas desechables sin control alguno sobre nuestro futuro, si el Poder se empeña en ello?

He escuchado la historia de Hameed y esas y otras cien preguntas han surgido en mi cabeza. Espero que muchas otras surjan también en la tuya… y encuentres las respuestas.

Mientras tanto ¿España qué?